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La Señorita Hermafrodita

Botas de terciopelo

20-02-2008
Hay canciones que resumen tardes... La de ayer es una de Amaral, ahora que ando recuperando discos que hacía millones de años que no oía.

Dices que tengo el cenizo y me persiguen las tormentas,
pero no tengo la culpa de no ver problemas venir.

Dices que tengo la cabeza como un saco de centellas,
pero te gustan mis pies mojados.

Botas, botas de terciopelo,
nubes de caramelo cubren el sol de agosto.
Botas de terciopelo.

Toda la tarde lloviendo, la ciudad colapsada,
baila la danza de la lluvia conmigo.

Dices que tengo la cabeza como un saco de centellas,
pero te gustan mis pies mojados.

Botas, botas de terciopelo,
nubes de caramelo cubren el sol de agosto.
Botas de terciopelo.

Botas de caramelo.

Mientras estas palabras acababa de escribirte,
cayó la última lluvia del verano,
pues quedó comprobado lo que trato de decirte:
tengo el poder de atraer los rayos.

Botas, botas de terciopelo,
nubes de caramelo, cubren el sol de agosto.

Te espero con los ojos abiertos para decir te quiero,
lo que creció en agosto se marchará en invierno.

Botas de terciopelo.
Nubes de caramelo cubren el sol de agosto.

Botas de terciopelo, botas de terciopelo.

Malas intenciones

03-02-2008
Escucho todo el rato esta canción de Héroes y me pregunto cuáles son las suyas, qué se esconde detrás de esos ojos azul claro y que me observan detenidamente cuando hablo a la espera de no sé el qué.

Ya me volvió a cambiar el humor y me aguanto la risa, detenida en este paréntesis, para no acordarme de la noche del viernes y quedarme con el frigo pie gigante, con que nos raptó una banda de mariachis al completo que chupaban las suelas de nuestros zapatos, ese vallecano simpático que conocí, los tequilas escuchando Entre dos tierras, la enésima cerveza que me tomé, La carta que me trajó el recuerdo del güero este del que todos mis poros aconsejan huir...

Californication

14-01-2008
Sí: Californication.

Para los que no sepaís de mi adoración por Expediente X, os la aclaro: pasé buena parte de mi adolescencia bajo el influjo de su protagonista Fox Mulder. Sencillamente, me encanta esa pose cínica del agente del FBI. Y Mulder, que era absolutamente follable, se tiró varias temporadas sin tener más contacto carnal que un polvete apresurado con una vampirita rubia del tres al cuarto... En fin, que David Duchovny se ha querido resarcir y ha puesto en la misma coctelera un escritor en el dique seco, el mismo cinismo del que hacía gala Mulder y los mismos polvos que echó este último en los primeros cinco minutos de la serie de la que es productor y protagonista. Resultado: Californication.

Me encanta su nueva serie y me encanta por su protagonista capaz de arrancar un móvil que suena en el cine a su dueño y porque es escritor, amén de tener blog. Lo del sexo desenfrenado conforma ese universo de grandes conversaciones entre amigos, conversaciones donde alguién te cuenta "aquello" que evoca al surrealismo y la risa. Pues todas esas cosas son las que le pasan a este hombre.

Factoría de melancolía

10-12-2007
Ahora que se acercan las navidades, que nos faltan los que no pueden venir, se me rompe el corazón en trizas... Este corazón que ya he tenido que rellenar unas cuantas veces con trapos para cortar la hemorragia, se ha vuelto a hacer jirones y no creo que valgan ni para el trapero.

¿Quién querrá trapos de este corazón hundido por la escasez de cariño?

Menos mal que entre la tormenta, veo la luz del rayo; que detrás de la nube brilla el sol y en medio de la noche, alumbra la luna llena. Y entre mis dedos reluce la aguja que cose los jirones a destajo, remienda con premura lo que pueda quedar de utilizable para ofrecerlo entero al que ya le está echando una ojeada.

Por fin, Héroes.

22-10-2007
Rompí a llorar, no esperé mucho.

En los primeros acordes, en una extraña mezcla de alegría que me llenaba la boca y me inundaba los ojos. Me giré por última vez esperando encontrar a los dos hombres que más quiero pero solo encontré a uno y sus ojos chispeaban en la oscuridad. Hacía tiempo que no veía a mi hermano tan alegre, qué coño, nos lo merecemos.

Y canté hasta dejarme la voz, viendo bailar a Bunbury con sus fantasmas y desde entonces sólo me estoy ahogándome, ahogándome otra vez... sin tus guiños, sin tus sonrisas, sin tus abrazos, ahogándome en mi miseria y mi tristeza que se me han derramado encima de la cabeza.

Estuve allí.