La señorita dúplice
10, 30 de 2006-01-30 de 2006
De un tiempo a esta parte, voy descubriendo un trasfondo geminiano que no me acaba de convencer, con las pequeñas muestras que se revelan claras para el observador.
Pasan los días y amanece y una de las partes se levanta de Sta. Hermafrodita en toda su extensión: con tacones donde balancearse, con la pintura de guerra en la cara, cuidando hasta el mínimo detalle... Otro día llega y no hay rastro de la Sta. Hermafrodita: calzo unas zapatillas y me presento con la cara limpia.
De un lado del espejo son una perfecta bibliotecaria, que se gana el sueldo con el fruto de la destilación de su cociente intelectual... Del otro lado del espejo, la mujer que vive de noche, intentando pasar desarpercibida entre los demás, que se gana el sueldo con el sudor de la frente.
De un lado la soledad... del otro la soledad en compañía.
En una mano un anillo liso y un anillo estriado.
En la otra, dos pulseras que penden, de diferente grosor.
De este lado del espejo, sabiendo que no puedo marcar su número de telefono, y del otro reconociéndome de reojo, las ganas de llamarle.
Pasan los días y amanece y una de las partes se levanta de Sta. Hermafrodita en toda su extensión: con tacones donde balancearse, con la pintura de guerra en la cara, cuidando hasta el mínimo detalle... Otro día llega y no hay rastro de la Sta. Hermafrodita: calzo unas zapatillas y me presento con la cara limpia.
De un lado del espejo son una perfecta bibliotecaria, que se gana el sueldo con el fruto de la destilación de su cociente intelectual... Del otro lado del espejo, la mujer que vive de noche, intentando pasar desarpercibida entre los demás, que se gana el sueldo con el sudor de la frente.
De un lado la soledad... del otro la soledad en compañía.
En una mano un anillo liso y un anillo estriado.
En la otra, dos pulseras que penden, de diferente grosor.
De este lado del espejo, sabiendo que no puedo marcar su número de telefono, y del otro reconociéndome de reojo, las ganas de llamarle.