El ojo del gato
8, 05 de 2006-06-05 de 2006
Qué te llevó a aquella esquina del almacén, qué hizo que corrieras desde el otro lado de la sección, qué te hizo creer que diría que sí...
Y el miedo...
... y las llamadas frenéticas a tu primo, las llamadas a mi móvil, el no querer coger el tuyo creyendo que me rajaba a última hora, el coche de Javi, tu mano encauzando mi camino, las sonrisas mojadas, el vértigo que te tragaste por no dejarme sola con desconocidos, el peluche que se parece raramente a ti, el chocolate en los dedos...
... y el beso... salado-dulce de palomitas de maíz y la pérdida de mi manita en tu mano gigante, que la envuelve por completo, la envolvía por completo.
A veces parece que te echo de menos. Y entonces tú haces como si sintieras haberte separado un momento de mí y vuelves a cuidarme, aunque la promesa ya no valga, aunque me hagas complicada, más, la existencia.
Y el miedo...
... y las llamadas frenéticas a tu primo, las llamadas a mi móvil, el no querer coger el tuyo creyendo que me rajaba a última hora, el coche de Javi, tu mano encauzando mi camino, las sonrisas mojadas, el vértigo que te tragaste por no dejarme sola con desconocidos, el peluche que se parece raramente a ti, el chocolate en los dedos...
... y el beso... salado-dulce de palomitas de maíz y la pérdida de mi manita en tu mano gigante, que la envuelve por completo, la envolvía por completo.
A veces parece que te echo de menos. Y entonces tú haces como si sintieras haberte separado un momento de mí y vuelves a cuidarme, aunque la promesa ya no valga, aunque me hagas complicada, más, la existencia.