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12, 07 de 2006-07-07 de 2006
Un número tonto.
Un número que no crece y antesdeayer, postrada en la cama, creyendo morir por momentos de este dolor que se me instaló dentro se me vino a la mente.
Agrio como la bilis, doliente como la mirada de un santo, inquietante como un corte que no cicatriza a los días se presenta el número y deja la impronta en el corazón con una pregunta digna de hacerse a la Salomé de Bunbury: ¿Cómo una semana me desprecias y a la siguiente me llamas?
Y más hiriente es la respuesta: Para usarme.
Mientras trago saliva que no me queda.
Un número que no crece y antesdeayer, postrada en la cama, creyendo morir por momentos de este dolor que se me instaló dentro se me vino a la mente.
Agrio como la bilis, doliente como la mirada de un santo, inquietante como un corte que no cicatriza a los días se presenta el número y deja la impronta en el corazón con una pregunta digna de hacerse a la Salomé de Bunbury: ¿Cómo una semana me desprecias y a la siguiente me llamas?
Y más hiriente es la respuesta: Para usarme.
Mientras trago saliva que no me queda.